El país, el azúcar y el béisbol
Mark Kurlansky titula su libro Las Estrellas Orientales en honor al equipo del mismo nombre fundado en 1910 en San Pedro de Macorís. En el prólogo, el autor dice que es un libro sobre lo que en Estados Unidos se conoce como "triunfar" y, como en todas las historias, también es una historia sobre no triunfar. En San Pedro de Macorís, cuna de Sammy Sosa, Robinson Canó, Alfonso Soriano, Rico Carty, Pedro Guerrero, Armando Benítez, George Bell, entre otros, el béisbol marca la diferencia en la vida de la población. La mayoría sueña con la pelota chica, que se convierte en una especie de boulevard de los sueños dorados a una vida mejor en el exterior.
Traducido al español por Santiago Ochoa, Kurlansky presenta su relato en 13 capítulos, divididos en dos partes: El Azúcar y Dólares. En la primera entrada, por decirlo así, el autor empieza pintando -y no en los mejores colores- el contexto histórico, social y cultural de la República Dominicana en el Caribe. Dice que de los países, o mejor dicho de las islas grandes del área, República Dominicana es la que tiene el menor impacto y la cultura menos autóctona. Kurlansky habla de una nación rezagada, que se perdió el boom del azúcar a principios del siglo XVIII y posteriormente en el XIX. Es un lugar no muy hispano, cuyo nombre parece "una propuesta temporal a falta de una idea mejor. Es un país ni tan latino ni tan africano como Cuba".
Kurlansky menciona también algunos rasgos típicos de la vida diaria dominicana: violencia doméstica, crímenes callejeros, hombres sexistas, declive económico y aumento de la delicuencia común. Pero, no todo es oscuro. Agrega el autor que las madres son reverenciadas, que los dominicanos son muy unidos y que cuando están lejos, suspiran por su patria.
Un poco de historia
Volviendo al béisbol, cuenta Kurlansky que en República Dominicana el juego aterrizó a finales de la década de 1870, de la mano de los cubanos que trabajaban en los ingenios azucareros de San Pedro. Muchos dicen que comenzó a jugarse en 1886. Pero otros, incluidos historiadores, no están de acuerdo con esta versión. En realidad, no hay fecha exacta de cuando y cómo empezó el "playball" en Quisqueya y podríamos decir que la duda también existe en Cuba y los Estados Unidos. (Para los fanáticos en serie, vale la pena una visita al Salón de la Fama del Béisbol, en Cooperstown, NY). En todo caso, dice Kurlansky que en Quisqueya, el béisbol era un juego de la élite acomodada. Como en Cuba, los dominicanos de clase alta enviaban a sus hijos a estudiar a los Estados Unidos y éstos regresaban con el bate bajo el brazo.
El año 1962 cambia el rumbo del béisbol en la República Dominicana. El embargo comercial de Estados Unidos contra Cuba repercutió en la industria del azúcar, el turismo y, sí, el béisbol, que ya se había instalado en la vida de los quisqueyanos. Los peloteros cubanos no podían jugar más en el norte y las Grandes Ligas empezaron a buscar talentos en otros lugares. Ese año, los primeros beisbolistas de San Pedro de Macorís llegaron a la "carpa grande". Muchos de estos peloteros procedían de las plantaciones de azúcar. En su libro, Kurlansky cuenta que Amado Samuel fue el primer macorisano en llegar a las Grandes Ligas. Había firmado con los Braves de Milwaukee en 1958 y saltó al diamante mayor al comienzo de la temporada 1962.
La segunda parte del libro, Dólares, mantiene el buen hilo narrativo con los capítulos "La cuarta encarnación de San Pedro", "La ciudad del béisbol", "La maldición de las Estrellas Orientales", "Tres familias de tres hermanos", "El ojo negro de San Pedro" y "El caprichoso juicio de la hinchada". Kurlansky cierra su opus con una excelente cronología dominicana. Ésta empieza en el año 600, cuando los taínos desplazan a los ciboney y se convierten en la población mayoritaria de la isla, a la que bautizan como Quisqueya, o "madre de la tierra", y termina en el 2008 con la reelección del presidente Leonel Fernández.
Las estrellas orientales, publicado por Penguin Group, es más que un libro deportivo. El autor buscó apoyo en una bibliografía que incluye historia dominicana, historia del azúcar y la historia del béisbol. El resultado es el retrato de una pasión, de una institución y su impacto en la sociedad quisqueyana. Al respecto, la reconocida escritora Julia Álvarez [En el tiempo de las mariposas, De cómo las hermanas García perdieron el acento], dijo que es "una gran historia de múltiples facetas de la isla y la cultura que les han creado a muchos niños y jóvenes una necesidad desesperada de 'lograrlo' de oportunidades perdidas y éxitos agridulces, una lucha por la identidad que aún no ha terminado". Junot Díaz, ganador del Premio Pulitzer [La breve y maravillosa vida de Óscar Wao], señaló que estamos ante una "reveladora meditación sobre el deporte, la nación y también sobre el mundo". Como fan del béisbol, me encantó leer este libro. Lo recomiendo además por su valor social, histórico y cultural.

